Adulación

by "abrazados a la VERDAD"

Es verdad que uno no sabe cuando ha predicado bien en la homilía dominical –no hay aplausos–, pero yo ayer me sentía muy bien al finalizar la predica, como si hubiese dicho algo muy importante, tanto o más como aquello que le precedía, el Evangelio. Y aquí estuvo mi error. Pero tal estímulo, tal pensamiento, no solo vino de mí, sino también de una feligresa. Al terminar la Misa, se acercó a mí una de esas monjitas entrañables, de aspecto rozagante a pesar de sus canas, la cual me dijo muy simpáticamente: “me encanta su sencillez y su humildad a la hora de predicar; llegará pronto a ser santo”.

Bien entrada la tarde, me acorde de una situación muy similar. Aquella que, ante tal adulación, el sacerdote contestó: “es usted la segunda que me lo ha dicho; el primero ha sido el demonio”

 

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