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Los Cardenales saben que un Papa no es Dios

Hay algunos que se han escandalizado ante el supuesto escándalo de la divulgación en los medios de la carta de los 4 Cardenales para aclarar ciertas interpretaciones a las que ha dado lugar la Amoris laetitia, carta que ha sido dirigida al Papa sin que este la haya respondido. Se han escandalizado porque creen que la ropa sucia se debe lavar en casa, porque creen que a los pobres feligreses de rosario y novena les va a salir un tumor cerebral al pensar cómo no todos están de acuerdo con el Papa.

A ver, una cosa es criticar al Papa Francisco y otra cosa es dudar sobre una actitud o una palabra del Papa Francisco. El cristianismo distingue como nadie en cuanto que cuando interviene –dice Chesterton– “desenvaina su espada y separa una cosa de la otra, separa el crimen del criminal”. De hecho, aquello que dice el Papa Francisco puede ser discutido porque no todo lo que dice es indiscutible. Es decir, una Exhortación es una exhortación y ya está, no es una proclamación ex cathedra ni un documento fruto de un Concilio ecuménico. La papolatría lleva consigo confundir el Magisterio ordinario con el extraordinario, sin poder creer que una Exhortación debe ser creída no con fe teologal, sino desde la comunión respetuosa que incluye entendimiento, voluntad y afecto. Los papólatras no quieren invertir su tiempo en la lectura de Ad tuendam fidem, no quieren despertar. Los 4 Cardenales han preguntado respetuosamente al Papa si lo que ha dicho en la Exhortación es lo que se entiende o es otra cosa, del mismo modo como yo puedo preguntar respetuosamente a mi profesor de Antropología evolutiva si cuando dice que el hombre viene del mono quiere decir literalmente que Chita es mi abuela.

También es normal que se haya escrito esta carta y cualquiera se da cuenta de ello al leerla. En la Exhortación Amoris laetitia aparecen planteamientos que no quedan del todo cerrados, planteamientos que, sin embargo, estaban aclarados en el Magisterio (por ejemplo, en la Veritatis splendor). Ahora bien, insistamos en que no hay que adorar al Papa sencillamente porque no es Dios. Por lo que, el Papa no es un llanero solitario y siempre que habla debe tener en cuenta lo que la Iglesia ya ha definido a no ser que tenga que definir algo que no esté anteriormente definido. Y lo que ya está definido es gracias a una Tradición cuyo fin es el de señalarnos el camino seguro que debemos recorrer, siendo lo propio del Papa el señalar sin ambages ese camino ante el mal que nos lo va desdibujando. Lo que se recoge de la siembra de ampararse en la duda es la permisividad, es la tibieza; el cometido del Papa es el de confirmar en la fe.

De lo único que se puede acusar a los 4 Cardenales es de no hacer la rosca al que tienen por encima de ellos. La idolatría del poder existe hasta en la Iglesia y llama la atención ver personas que, con tanto que perder para este mundo, se ven libres para perder lo que tienen. La libertad genera actos que buscan aclarar situaciones dudosas aun produciendo discusión, porque la discusión es oportunidad de crecimiento. Además, estoy seguro de que +Caffarra y compañía aceptan y aman al Papa Francisco, que darían su vida por él, pero esto no quiere decir que no puedan expresar respetuosamente su desacuerdo con aquello que no está claro.  

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malditos

Es un hecho innegable que el ser humano es de extremos y el cristiano es un ser humano. En la Iglesia hemos pasado de afirmar –aunque nunca lo formularamos así– que de la diferencia sexual surgen necesariamente unos roles a aseverar, con un convencimiento aplastante, que de los diversos roles realizados correspondientemente por la mujer y el varón son ciertamente algo cultural y ya está. 

Pero el problema no se detiene aquí. Porque si se detuviera aquí no sería tan grave; si tal extremo fuera pensado por una persona sin estudios teológicos no pasaría nada. El problema es que nos encontramos y seguiremos encontrando con teólogos, teólogos con título universitario, que piensan así y lo manifiestan con mucha solemnidad cuando explican, entre otras cosas, que aquello que san Pablo afirmó divinamente –que el varón fuera cabeza de la mujer del mismo modo que Cristo lo fue de la Iglesia– es fruto de un vocabulario machista que evidencia la maldita sociedad patriarcal en la que vivieron nuestros antepasados. 

Para cagarse.

El problema parece encontrar solución cuando se deja de profesar el materialismo, virus moderno que ha infectado incluso hasta las cabezas más brillantes de los teólogos de la Gregoriana. Existe una conexión entre el ente humano y su ser, entre lo que se oculta a simple vista y la más basta materialidad corporal en movimiento. Con lo que, sería de tener el nivel de pensamiento de un botijo el no reconocer una diferencia sexual sin defender unos roles correlativos a los sexos. Aunque en los vaivenes de la historia haya habido competencias que injustamente se hayan asignado a la mujer (algo que tengo que afirmar para no ser acusado de machismo cada vez que hablo de estos temas y algo que ya cansa), esto no nos puede llevar a negar la obviedad que dependiendo como sea la interioridad debe haber una predilecta inclinación por lo que se hace y que especializa en las diversas tareas. El varón está hecho hacia fuera y por eso se va a la guerra; la mujer está hecha hacia dentro y por eso escucha como nadie. Son cosas muy distintas el calor que da ella y la seguridad que proporciona él. Este ejemplo en general y simple, pero más cierto que la redondez de una pelota, no se concluye en Marte, sino aquí, viendo a los varones y a las mujeres actuar.

La naturaleza humana habla y esta se enriquece cualitativamente cuando nos damos cuenta de que habla en masculino y femenino.

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para los que siguen pensando que los santos, como san Bartolomé, eran tontos del pompis

Cuando leemos “lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios” (1Cor 1), asombrosamente creemos que Dios se dedica a llamar a los burros para transformarlos en lumbreras. Es más, es así como alegremente justificamos la pereza y mediocridad de formación de aquellos que ponemos para que asuman cargos pastorales en las parroquias, algo que, claro, no haríamos si de ello dependiera nuestro estipendio. En realidad, si Dios humilla a alguien es porque contando con el trabajo humano y la entrega de la voluntad deja boquiabiertos a los que viven según los intereses de de este mundo. El apabullamiento divino acontece porque en donde los santos no han llegado, ha llegado Él. 

A ver, existe un principio teológico irrenunciable para los que quieren hacer las cosas bien: Dios eleva la naturaleza, no la transforma. Que es lo mismo que decir que la condición humana llega un momento que no puede más. Que es lo mismo que advertir que la fe es tarea y don. 

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«La verdadera misericordia…

…es inseparable de un odio activo, furioso, devorador, implacable, exterminador, hacia el mal. ¿Cuándo se comprenderá que, para ser misericordioso, hay que ser inflexible; que para ser blando con el que pide perdón, hay que ser cruel contra el error, la muerte y el pecado? Desde hace mucho tiempo, la malevolencia y la tontería han conspirado para dar a las virtudes un aspecto bobo, deslucido, borroso y lamentable» (Ernest Hello).

Existen escritores realmente buenos y, sobre todo, cristianos que nos dan a conocer cosas realmente cristianas y, por tanto, buenas. 

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