Hay algo más importante que demostrar si una reliquia es verdadera o no

En un artículo de Alarmas y digresiones, Chesterton habla de cómo José de Arimatea llegó a Glastonbury (Inglaterra) en el siglo I, la evangelizó y, de paso, clavó en el suelo su cayado que se convirtió en un espino. Tal espino continua recordando el hecho y tal espino continua floreciendo dos veces al año. Chesterton reconoce que no tiene la intención de demostrar que la historia no sea un mito, porque es probable que lo sea, sino para “señalar cuál es la actitud correcta con que debemos enfrentarnos a dichos mitos. La actitud correcta es una mezcla de duda, esperanza y una especie de misterio”. Y sigue diciendo: “La gente moderna quiere establecer científicamente si san José estuvo o no en Glastonbury […]. Sin embargo, es esencial sentir que podría haber estado en Glastonbury: todas las canciones, el arte y las vocaciones que se ramifican y florecen como el espino hincan sus raíces en una duda sagrada semejante. Considerado así, […] la cuestión nos conduce por el camino de realidades muy extrañas, y descubrimos que el espino crece en el centro de un laberinto muy secreto del alma”.

Todo lo que surge alrededor de los mitos, de las reliquias o de las historias de los santos y de aquellos lugares por donde alegremente se pasearon, es lo que nos libra de ser eternamente unos salvajes más allá de si son verdad o no.

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Pío X, la Eucaristía y los niños

San Pío X, ante ciertas ideas sobre que se necesitaba una pureza extraordinaria para acercarse a comulgar, escribió en 1910 el Decreto “Quam Singulari”, a través del cual estableció que se pudiera admitir a los niños a la Primera Comunión desde la edad de siete años.

Para recibir la Primera Comunión basta —decía— solamente dos cosas, que los niños conozcan las verdades fundamentales de la fe y entiendan quien está en la Hostia Consagrada.

Y ¿no nos da la sensación de que nos hemos olvidado de estos dos simples pero fundamentales requisitos?

Coger la escoba

No me parece acertado el afirmar que los trabajos más serviles de la parroquia son los más humildes. Incluso, me parece de comentario de cura obrero el aseverar solemnemente que el que coge la escoba es el parroquiano más humilde de todos. Porque, aunque pudiera alegarse que el acto más humilde es el de coger la escoba, por el simple hecho de que a nadie le gusta barrer, habría que ver si el que barre lo hace porque no sabe hacer otra cosa y, por tanto, este es el modo de servir a los demás.

“Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo”(1P 4, 10-11).

papás gorrinos enseñando gorrinadas a sus hijos

Cada vez está más claro que cualquiera no tiene la madurez necesaria para tener hijos por mucho que tenga la capacidad de reproducirse o quiera reproducirse.

Es aquí donde el Estado debería intervenir saltándose la patria potestad, si el Estado, claro, fuera eso que mira por una sociedad compuesta por ciudadanos que saben controlarse porque se les ha enseñado a controlarse y no fuera la gran caca verde que, por lo general, es.

Video cogido de aquí.