¿Dónde queda la objeción en nuestra legislación?

La objeción de conciencia es algo que está legislado. Si alguien se resiste a contemplar una ley en la que no cabe tal resistencia, no objeta, delinque. Es la diferencia entre ser objetor y ser un insumiso. También, debe de existir una conexión directa (por mucho que yo sospeche que mis impuestos sirven para financiar operaciones de cambio de sexo, al no poder demostrarlo, no puedo objetar a pagarlos). Y, además, para objetar, se debe alegar un motivo razonable, con un cierto peso (por ejemplo, religioso o político).

La legislación contempla la objeción de conciencia con respecto al aborto. Es un derecho constitucional, ya que hablamos de una ley orgánica, que los profesionales sanitarios se nieguen a practicarlo. La cuestión es donde podemos leer tal derecho.

En la Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, capítulo II (“Garantías en el acceso a la prestación”), metiéndonos en el artículo 19  (“Medidas para garantizar la prestación por los servicios de salud”), ahí, en su segundo punto, podemos leer:

“Los profesionales sanitarios directamente implicados en la interrupción voluntaria del embarazo tendrán el derecho de ejercer la objeción de conciencia sin que el acceso y la calidad asistencial de la prestación puedan resultar menoscabadas por el ejercicio de la objeción de conciencia. El rechazo o la negativa a realizar la intervención de interrupción del embarazo por razones de conciencia es una decisión siempre individual del personal sanitario directamente implicado en la realización de la interrupción voluntaria del embarazo, que debe manifestarse anticipadamente y por escrito. En todo caso los profesionales sanitarios dispensarán tratamiento y atención médica adecuados a las mujeres que lo precisen antes y después de haberse sometido a una intervención de interrupción del embarazo”.

Esto es, en una cuestión tan fundamental, ante una sociedad pluralista, no aparece con un nuevo título (Titulo III, “sobre la objeción de conciencia”), ni siquiera se le ha reservado un artículo nuevo.

Late, en el fondo, que objetar es un problema.

(Gracias Juan Martínez Otero)

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