Intimidar

Existen dos maneras de intimidar al “contrario”. Una es metiéndose directamente con él. Es una manera grosera, pero eficaz al 100%. El otro día uno acometió contra mí de este modo. Me dijo que era un caprichoso y que “era verdad” que era un caprichoso. Indudablemente, cuando me encuentro gente con este tipo de fijaciones, fijaciones que surgen de complejos no superados, me levanto y me voy. Es lo que hice.
La otra forma de intimidación es la que puede hacer alguien que está por encima de ti. El modo es sencillo. Se trata de hablar de ti a terceros y delante de ti, pero como si tú no estuvieras. No hablar mal, sino bien. La adulación infla, pero atonta cuando quien la lleva a cabo es un superior.
Echo de menos a esos hombres que, como decia Chesterton, entre ellos, hablan del tema de conversación con el tema de conversación. Es atender a un campo invisible alrededor del interlocutor que es infranqueable, si quieres que él se sienta cómodo. La educación es esto y, sin duda alguna y en general, los cristianos somos muy maleducados.

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