Corrección

Hemos establecido un pacto silencioso: “yo no corrijo para que nadie me corrija”. ¿A qué se deberá esto? Hay que trastocar algunas ideas que parecen ser evidentes al sentido común. Porque, ¿la corrección fraterna es para hacer justicia?, ¿es para amonestar, increpar o censurar? No. Se corrige al hermano para salvarlo.

«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano» (Mt 18, 15).

Y, desde aquí, se nos descubre toda una estrategia –¡porque hay que empeñarse en salvar!, como si se tratase de una obsesión– que desemboca en tratar al hermano queriéndole tal como es aunque no se deje corregir, queriéndole como a un gentil o un publicano, como a alguien del que Jesús está cerca (Mt 11, 19).

El hermano siempre es alguien que no se le puede dejar perder (Mt 18, 12-14). 

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