Lo que escuchan los feligreses en las homilias

El cura en la homilía dice: “la gente aborta como se hace la manicura y pedicura”.
La gente entiende: “no hay que ir a hacerse la manicura ni la pedicura” (la palabra “aborta” desaparece milagrosamente).
La gente va y le dice a la esteticista: “mira qué malo es el cura que dice que la gente no tiene que venir a hacerse la manicura”.

Existe una maldad, que deriva fácilmente en infamia, que nace de la pereza. No hablo de hacerse el remolón para los quehaceres físicos, sino del anquilosamiento intelectual. Es un cansarse rápidamente de escuchar o, mejor, de escuchar lo que se quiere escuchar porque no se sabe ni quiere hacerse de otro modo. Los que no saben ni quieren esforzarse asimilan y se contentan con las 4 ideas emotivas e instintivas. Ideas que reducen la capacidad de eso tan emocionante y fructífero que es pensar.
No sé que se ha hecho de la capacidad de pensamiento de los cristianos. Parece que ya no queda nada de ella. Son tiempos difíciles.

La conversión llega por el oído.

El cura dice: “hay que planchar la manga”.
La gente agita con fuerza en el hueco de su cabeza “planchar”, “manga” y “hay” y, de repente, surge: “¿¡cómo!?, el cura ahora dice que hay que mangar la plancha”.

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