la antropología del Tribunal supremo

De lo que se desprende de la experiencia y está en la sabiduría común es que un niño de 14 años tiene la decisión de un molusco. Un individuo de esa edad lo único que quiere es no hacer nada engorroso y aburrido. Existe en el menor tal adhesión al cuerpo que para despegar su atención y dirigirla a lo externo a él se necesita de eso que es más antiguo que la polca: la disciplina.

El Supremo acaba de avalar que los niños de 14 años hagan huelga sin permiso paterno.

Si el proposito es crear ciudadanos imbéciles si cabe aún más, el Supremo lo está haciendo como nadie.

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