los judíos fueron cobardes; ahora los cobardes somos nosotros

Leyendo Los origines del Totalitarismo uno confirma que la judía Hannah Arendt era una buena filósofa, que es lo mismo que decir que tenía la mente desplegada de tal modo que no podía pasar por alto ciertos aspectos de la realidad que para otros no es que fueran nimios, sino inexistentes. En cambio, el pueblo judío en su mayoría no pensaba con inteligencia porque idolatraba su modo de concebir la vida y vivirla. 

La filósofa fue incomprendida y criticada por sus hermanos judíos cuando, al hablar de la banalidad del mal en su informe sobre el juicio contra el nazi Eichmann, aludió a la pasividad del pueblo judío ante el nazismo. El mal es banal, sin contenido emotivo, cuando éste se realiza fría y mecánicamente. Pero no menos malo, y, por tanto, tampoco exento de responsabilidad moral, es la omisión de hacer algo cuando se comienza a palpar cómo el mal está acomodándose simplemente por la preocupación de perder unos privilegios. Porque el terror no se presenta de repente, sino que le precede el mal permitido por aquellos que temen perder algo. Son los cobardes. Cuando se teme perder el monopolio económico, cuando así conviene, “todo está prolongando su existencia negando que exista”, como diría el agudo Chesterton. 

El mal hoy también se hace sin pestañear, es banal aunque no se realice en unos infectos barracones (solo hay que ver el índice de los abortos o cómo la sexualidad parece ejercida con normalidad cuando se vive desordenadamente). Y hoy también existe esa pasividad de los cobardes. Porque lo que más me enoja últimamente es esa actitud pseudocristiana que viene realizada por nuestros coetáneos cristianos y que es la de planificar su seguridad mediante el voto de un partido político al margen de su programa anti vida solamente porque están interesados en vivir mediocremente en vez de alzar la voz.

El mal “se ejerce sobre todo el pueblo a través de la transformación de la gente en masa adocenada” (Los orígenes del totalitarismo, 21).

¿Podremos encontrarnos con cristianos que prefieran públicamente la verdad a riendas de ser señalados, incomodados o perseguidos? ¿Veremos hombres convencidos de que “quienes caen combatiendo el terror afirman por lo menos su dignidad” (21)? ¿Seré yo uno de ellos?

[“Por la fe Moisés, siendo ya adulto, rehusó ser llamado hijo de una hija del Faraón, y prefirió sufrir males con el pueblo de Dios a disfrutar de las ventajas pasajeras del pecado, y tuvo por mayor riqueza el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto, pues tenía la mirada puesta en la recompensa” (Heb 11)].
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